Sí, soy muy rara. Día a día voy conociéndome cada vez más y descubro cosas de mí misma que ni yo conocía. Lo mismo un día me avergüenzo por cualquier cosa, le doy mil vueltas a todo o cualquiera de mis recurrentes neuras. O quizás me despierto con ganas de comerme el mundo, dedicándome a mostrar todo de mi o sin importarme lo que piensen los demás.
No soy de esas adolescentes repelentes que lo único que les mueve es la moda y los chicos. Es más, con respecto a la moda, paso de ella bastante e incluso llego a repelerla. Si algún tipo de ropa está de moda, tiene un 50% menos de probabilidades de que me la ponga.
Pertenezco a ese 0'0001% de chicas que no idolatran ni a Mario Casas, ni a Justin Bieber, ni a ningún otro. Básicamente no tengo ídolos, más que nada porque me parece algo un tanto absurdo.
Escucho música no muy rara para personas normales y corrientes, pero sí bastante rara para esas chicas repelentes que he mencionado antes.
Tengo costumbres algo raras: me molesta dormir con la puerta de la habitación cerrada; tengo la costumbre de ir mirando mi reflejo en escaparates y ventanas de los coches; duermo mejor con ruido y con luz que a oscuras y en silencio; no me gusta que me digan qué es lo que tengo que hacer; me gusta pasar los pasos de peatones pisando solo las líneas blancas; cuento los segundos que faltan para que el semáforo se ponga en verde; siempre me tomo un té después de comer. Y paro ya, porque si sigo escribiendo rarezas mías, esta entrada se haría interminable.
Lo dicho que soy muy, pero que muy rara. Pero ¿y quién no lo es?
No hay comentarios:
Publicar un comentario